El poder no viene de la vasija, sino de quien vive dentro de ti.
Cuando entendemos esto, se va el orgullo y la prepotencia, solo tenemos que permanecer llenos.
Dios trata de diferente forma a cada persona, Él no tiene un patrón (estructura), porque es Soberano, en lo personal conmigo han sido procesos muy largos, y a lo mejor con otros hermanos en la fe todo ha sido rápido, todo depende del plan que tiene para cada uno, porque todos somos diferentes, en carácter, sentimientos etc, etc, podría hablar sobre cada uno pero no me gusta hablar de mi, porque solamente fui una vasija que llegó rota y cansada a sus pies con un maleta sobre mi espalda, llena de tantas cosas acumuladas desde que tuve uso de razón, en su infinita misericordia su poder se manifestó literalmente en mi vida, me rescató, me hizo nueva persona, me restauró, me liberó, me sanó y escribió un nuevo capítulo, y aquí esta lo importante y se hizo real su promesa de
2 corintios 4:7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros. El tesoro es el evangelio, la vida de Cristo en nosotros, la gracia y el poder del Espíritu Santo. Es algo precioso, eterno y poderoso, los vasos de barro somos nosotros: frágiles, limitados, imperfectos, el barro se quiebra con facilidad, no es lujoso ni resistente. Pablo usa esa imagen para recordarnos que, aunque somos débiles, Dios decidió habitar en nosotros.
La transformación no viene de nuestras fuerzas.
Los milagros no son por nuestra capacidad ni por méritos.
La gloria no es para nosotros, sino para Él.
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