domingo, 8 de febrero de 2026

Amar a Nuestro Señor Jesucristo es nacer de nuevo desde nuestro mismo cuerpo, despierta conciencias, levanta al caído, da vida donde había muerte, rompe cadenas, transforma, libera, sana lo visible y lo que nadie puede ver.

Ese nacer de nuevo no es solamente simbólico, cambia nuestra forma de pensar, de hablar, de reaccionar, de caminar, transforma hábitos, nuestro cuerpo pasa a ser templo del Espíritu Santo, 1 Corintios 6:19 dice: ¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros?.

A nosotros los creyentes nos llaman locos, bendita locura que me liberó, me sano, me levantó, que le da vida a mi vida, que me rescató del lazo del cazador, bendita locura por lo cual hoy puedo disfrutar a plenitud de mi vida.

Hay un poder espiritual y natural dado a los creyentes cuando buscamos primeramente el Reino de los cielos.

Sé muy bien que el mundo espiritual gobierna al mundo natural, el mundo fue hecho de lo que no se veía, Hebreos 11:3 Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no veía. 

Antes de lo tangible, estaba lo eterno.

Esto nos enseña algo poderoso: Dios no necesita lo que existe para crear; Él crea desde lo invisible, aunque no veas respuesta, provisión o salida, eso no significa que no exista, porque esta ya formado en el ámbito espiritual, esperando el tiempo de Dios para manifestarse en tu vida.

La fe no niega la realidad, pero confía en una realidad superior.

Si buscas primero el Reino👉luego la añadidura.

Primero la obediencia👉luego la provisión.

Primero lo eterno👉y lo temporal encuentra su lugar.










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