La biblia nos dice que existe otra dimensión, el Espíritu Santo no lo podemos palpar pero es tan real, una vez lo sientes y no quieres vivir sin él, en lo personal, no consigo una vida sin él, en mis procesos he tenido sequedad espiritual, pero también la ausencia del Espíritu Santo es una prueba, que hay que pasarla, porque todo es fácil de poder llevar con su presencia, pero sin su presencia es demasiado difícil poder superar las pruebas porque estamos en la carne y la carne es débil, es ahí donde muchos se salen del propósito de Dios y regresan a su vida anterior, el problema es que después les cuesta años volver a Dios porque el estado de la persona vuelve hacer peor que la anterior.
En lo personal me ha llevado 18 años y meses la poca madurez espiritual que tengo y todavía me queda mucho por aprender, mi vida esta llena de errores y fracasos, que hoy en día son testimonios.
1 Corintios 2:14 Dice: Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.
2 Pedro 2-20 Dice: Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.
El conocimiento de la verdad de Dios cambia la perspectiva de la vida,
La madurez espiritual se requiere pasión por conocer la verdad por medio de la oración, meditación en su palabra.
El crecimiento espiritual no viene de fórmulas religiosas, es buscar una conexión constante con Nuestro Señor Jesucristo, solo Él es la fuente de toda transformación interior, porque solo en Él encontramos la plenitud de amor, la verdad y la gracia, que renuevan el alma.
Cuando caminamos con Jesús, nuestro corazón es moldeado a su imagen:
Aprendemos a amar, con un amor incondicional, Él nos enseña ese amor tan bello para que podamos enfrentar todo y crecer en el conocimiento de su reino.
Comenzamos a ver con los ojos espirituales, comprendiendo que todo lo que ocurre tiene un propósito divino.
Dejamos que su palabra habite en nosotros, para que nuestra fe eche raíces profundas y dé fruto en abundancia.
El crecimiento espiritual no se mide por cuánto sabemos, sino por cuánto dejamos que Nuestro Señor Jesucristo viva en nosotros, cada día que rendimos nuestra voluntad a la suya
2 de Pedro 3:18 Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.
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